3 segundos después…

Creo que uno de mis peores miedos cuando regresé a casa con Ana por primera vez del hospital, era que mi pequeño terremoto se me cayera cuando la estuviera bañando. Me acuerdo contarle a las enfermeras y al pediatra de mi pequeño miedo, y ellos se sonreían y me decían que no pensara eso y que mi instinto maternal me impediría que eso pasara. Ana llegó a su año y 2 meses sin caerse de la tina pero mi peor pesadilla se hizo realidad a comienzos de esta semana.

Todo pasó tan rápido que me parece hasta un sueño, algo tan irreal. Estaba bañando a Ana en la mañana, después de comer, y como de costumbre ella jugaba con un vasito de platico y patito de hule que tiene, vacíe la tina y mientras la veía traté de agarrar la toalla, la cual estaba guindada a mi espalda. No logré sacar la toalla del gancho donde estaba por lo cual me tocó pararme dándole la espalda a Ana, no había ni agarrado la toalla cuando escucho un “pum” y luego  Ana rompió a llorar.

La miré, ella se trató de parar pero por el susto no podía, la cargue y la abrasé, noté el cachete izquierdo levemente hinchado por lo cual fui a la cocina a buscar de esos packs de gel frío para colocárselo y calmarle el malestar. La acosté en su cama y la empecé a vestir, cuando de repente se mete el pack envuelto en papel toalla a la boca, cuando se lo saca encuentro el papel toalla manchado levemente de sangre… Recuerdo me asusté, las lágrimas me corrían sin que yo pudiera evitarlo, el corazón me latía tan rápido, y lo primero que pensé fue se había reventado la boca… Le abrí la boquita y de una vez me di cuenta… se le había roto un pedacito de diente…

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Llamé a mi esposo histérica, luego al pediatra, ambos me decían que me calmara, que respirara hondo, que ella iba a estar bien, y que los accidentes pasan. Por mi cabeza sólo pasaba lo mala madre, descuidada, irresponsable que era. La pura realidad es que me confíe porque usualmente me cuesta sacar a Ana de su tina, normalmente me hace berrinches y se pone brava cuando la trato de sacar. Me confíe, pensé que siempre iba a tener problemas para sacarla, me equivoqué. Mi descuido le costó un pedazo de diente a mi hija, y cargaré con esa culpa por bastante tiempo, porque pudo haber sido peor.

Arturo, mi suegra y el pediatra, me dicen que no puedo seguir con esa culpa encima, que los accidentes pasan y hay algunos que sencillamente van a pasar porque tienen que pasar, y alguna enseñanza tengo que sacar del accidente. True… pero la realidad que este sentimiento de culpa, aunque ya no me pone a llorar, me golpea bastante.Para terminar el cuento, la llevamos a urgencias y los médicos me dijeron que ella estaba bien y que ese accidente es bastante más común de lo que yo podría pasar. Luego de urgencias nos mandaron un maxilo-facial para que la revisara y nos confirmara que todo estaba bien,y en efecto fue así.

Lloré prácticamente todo el día y no paraba de abrazarla, creo que más para tranquilidad mía que para la de ella, porque ella estuvo de lo más tranquila el resto del día. Me golpeó bastante el accidente no sólo porque ella se lastimó sino porque me di cuenta lo frágil que aún es ella. Mi bebe, aunque parece más grande, sigue siendo una bebe que aún no entiendo los riesgos de las cosas que hace, que no entiende que si pisa mal se puede caer, o que si se trata de bajar mal de la cama se puede golpear la cabeza. Para algo estoy yo, para enseñarle el riesgo de sus acciones y tener la esperanza de que, a su corta edad, ella los empieze a entender.

Ya en la noche, acostada en mi cama, pensaba en cómo se había pasado de lento el día y pude reflexionar un par de cosas:

  1. Jamás, jamás descuidarme con Ana en el baño…
  2. Me di cuenta que no sé sobrellevar estos accidentes y necesito aprender a hacerlo…
  3. No todos los doctores/enfermeras saben como tratar bebes/niños…
  4. No todos los doctores/enfermeras saben como tratar con padres asustados… (tuvimos una pequeña situación con el maxilo-facial que me hizo reconsiderar el seguir en su consultorio)
  5. Aveces las personas a tu alrededor no saben como ser sensibles ante la situación y siempre salen los comentarios: “¿pero porque te descuidaste?”, “¡viste tenías que estar mas pendiente!”, o el “esto se pudo evitar”; hay que ignorarlos…

Tengo que confesar que el solo pensar que tenía que bañar a Ana esa noche me tenía hasta temblando de miedo, ella en cambio nada más hicimos mencionar que era hora del baño y ya estaba tocando la puerta de su baño (repito, ella ama estar en el agua). Al día siguiente me tocaba llevarla a sus clases de natación y ya te puedes imaginar el miedo que tenía pero como me dijo otra mamá, hay que seguir adelante y no quedarme sufriendo en cosas del pasado.

Gracias a Dios, solo fue la fisura del diente y no algo peor; gracias a Dios Ana no le agarró miedo a su tina ni a la hora del baño; gracias a Dios, yo pude sacar una lección y aprendizaje de todo el incidente y día.

Slds,

Una Mama en Apuros.

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