Siempre fui una niña super quisquillosa al comer, yo podía vivir a punta de pasta, pollo frito y langostinos, odiaba los vegetales y no había manera que yo pudiera limpiar un plato de comida. Un recuerdo de mi infancia que tengo grabado en mi casa muy clarito es una noche que íbamos a cenar en casa de mis papás y recuerdo clarito que el plato había: brocoli, pure de papas, y pollo asado. Aunque no me gustaba el pure de papas ni el pollo asado igual me los comía pero nada más hacía oler el brocoli y sentía ganas de vomitar, mis papás siempre decía que era capricho mio y que hasta que no me terminara la comida no me podía parar de la mesa, por lo cual obviamente se me hacía la hora de dormir y yo todavía seguía sentada en el comedor rogando que alguien se apiadara de mi.

En algún momento de mi vida dejé de ser tan quisquillosa con la comida y empecé a comer mejor, pero siguen habiendo cosas que no logro comer (brocoli, hongos, coliflor, entre otros). La verdad es que nunca me ha gustado el brocoli, no lo paso, me lo puedo tomar en una crema o sopa o disimulado con algún otro sabor pero no lo paso solo, me dan ganas de vomitar.

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Mis papás, aunque con buenas intenciones, nunca respetaron que había cosas que sencillamente no iba a haber manera que me empezaran a gustar y la hora de la comida fue el 95% del tiempo, una pesadilla para mí, yo no quería comer y odiaba que me compararan con mi hermano o con algún primo o prima que si comía y mucho mejor que yo y lo peor era que me dijeran que había niños que no tenía que comer y aunque este pedacito de información lo sabía en mi cabeza pasaba la pregunta ¿y por qué carajos me lo sirven a mi que no me gusta?…

Por otro lado, a Arturo lo obligaban a limpiar el plato y no importaba si estaba repleto y no le entraba más nada de comer en el estómago y creció con este “trauma” de que tiene que limpiar el plato de comida no importa que haya ni cuanto haya. Le puedes servir 5 tazas de la comida que más detesta y se las va a comer no importa que porque en su cabeza él no puede dejar comida (como si no se pudiera guardar y comer más tarde).

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Cuando me convertí en mamá me prometí que la hora de la comida no iba a ser la pesadilla de mis hijos, para mí es importante que disfruten la comida y no solo el comerla sino también el prepararla, que encuentren valor en lo que Arturo y yo podemos poner en la mesa. Para mí, se trata de vivir una experiencia y no comer por comer.

Siento que tiene que haber un balance en las cosas, comer por comer y con tal de no botar comida, no es bueno. El estómago de uno tiene límites y uno no debe de comer de más, no es sano, y tampoco obligarse a comer algo que a uno no le gusta. Si a ti, de adulto no te gusta que te obliguen a comer algo que no te gusta pregúntate por qué obligas a tu hijo a hacerlo.

En mi casa hay una regla, primero se prueba y luego se decide si gusta o no y hasta ahora nos va bastante bien con #AnaTerremoto. Hay veces que no quiere probar y esta bien pero ella esta clarita que si no prueba tampoco le puedo dar otra cosa y se ha ido a jugar sin comer e incluso a dormir por no querer probar y también han habido pataletas. Te preguntarás porque ni Arturo ni yo la obligamos, pues es que ¿para qué? ¿Para que coma? Cuando le dé hambre pedirá comer y lo digo porque lo he comprobado no una ni dos, varias veces.

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Nos ha pasado varias veces que termina regresando pidiendo para probar la comida porque no aguanta el hambre y si no quiere ni probar la comida un día, al día siguiente se le da a probar nuevamente si hay.

Todos tenemos gustos diferentes y la comida no se queda atrás, si yo pido que me respeten mis gusto, ¿por qué no lo haré con #AnaTerremoto? Por ejemplo, yo sé que #AnaTerremoto no le gusta las cosas muy dulces (cosas con salsas dulces), ¿por qué se las voy a dar? Yo respeto que ella no come eso, y cuando estoy antojada de alguna comida dulzona, trato de separar un poco para ella y dejárselo sin salsa o no se lo sirvo y le sirvo más de otra cosa.

Claro está también hay también tengo que recordar que #AnaTerremoto está pasando por una etapa donde un día si le gusta algo y otro no, y el pediatra nos dijo que es super normal, lo importante es no dejar de presentárselo en el plato mas no obligarla o comérselo porque en el momento menos esperado pasara devuelta a la etapa donde si le gusta otra vez. Por ejemplo, a Ana siempre le gusto la remolacha, como sea se la comía (ensalada, sola, crema, jugo verde) y ahora de la nada ya no la quiere, nosotros cometimos el error de dejar de servírselo pero debimos haber seguido haciéndolo y que ella viera que nosotros si lo comemos. Por ahora, lo que he empezado a hacer cuando me rechaza alguna cosa es tratar de escondérselo en la comida y presentárselo solo también. (Ej. zuquini: se lo rayo con pollo y hago nuggets y se los sirvo con unos zoodles+espaguetis).

Digo, a la hora de la hora, cada papá trata estos temas de maneras diferentes y para nosotros ha funcionado de la manera en que lo hemos estado haciendo. Lo que aconsejo es ir cambiando de táctica hasta que encuentres una que si te funcione. Si ya tienes meses obligándolo, maybe podrías intentar otra cosa para ver cual es el resultado, siempre y cuando establezcas tus límites y que ellos estén claros cuales son los mismos.

Slds,

S.O.S. Mamá en Apuros

 

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